Un programa en riesgo rara vez se recupera con más reuniones o con un nuevo cronograma hecho en una tarde. Los primeros 30 días se tratan de recuperar visibilidad, credibilidad y control, en ese orden.
Semana 1: escuchar y medir
- Entrevista al patrocinador, a los líderes técnicos y a dos o tres personas del equipo operativo.
- Reconstruye el estado real: qué está terminado, qué está en curso y qué solo existe en el plan.
- Identifica las dependencias críticas y quién las controla.
Semana 2: estabilizar
- Congela los cambios de alcance que no sean imprescindibles.
- Define una sola fuente de verdad para el estado del programa.
- Establece una rutina corta de seguimiento con el equipo clave.
Semana 3: decidir
- Presenta al comité opciones con su costo: reducir alcance, mover fechas, sumar capacidad o pausar componentes.
- Obtén una decisión explícita y comunícala a todo el equipo.
Semana 4: replanificar y comunicar
- Construye un plan realista con hitos verificables.
- Acuerda las métricas que dirán si el rescate funciona.
- Comunica el nuevo plan con la misma claridad con la que se reconoció el problema.
Lo que no puede esperar
Reconocer el problema ante el patrocinador. Cada semana de silencio reduce las opciones disponibles y aumenta el costo de la corrección.
